Elementos filtrados por fecha: Mayo 2020

No se nada de náutica. Me encanta la playa pero me da miedo el mar. En los barcos me mareo y hacer un crucero sería el mayor de los castigos. Sin embargo, después de pasar por mi proceso de cáncer y decidir crear un proyecto para acompañar a personas que hubiesen pasado por una experiencia similar a la mía, este fue el nombre que elegí: AL PAIRO. La idea no la tuve yo, los que me conocen los saben, pero cuando leí el significado, no cabía duda de que eso era lo más parecido a lo que había pasado, estaba pasando, en esos momentos.

Dicen los expertos en náutica que, “poner un barco al pairo, consiste en mantener la posición del buque estática respecto al fondo. Si el viento o las corrientes están en calma, la cosa es sencilla; pero cuando las condiciones son de temporal significa mantener proa al oleaje con poco trapo, poca superficie de velas, al viento. Esto compensa el efecto de abatimiento”.

Muchas veces nos sentimos así, sin rumbo, perdidos, desconsolados o en estado de incertidumbre. Ante una enfermedad, ante una crisis sanitaria, política, económica, como la que estamos pasando, ante las pérdidas de todo tipo que sufrimos en la vida.

Cada persona reacciona de una forma distinta, pero hay algo que en la mayoría de los casos se repite, la sensación de miedo, la pregunta de por qué a mí, la incertidumbre de saber, o no saber, qué me conviene en ese momento.

Ante esto, se trata de trabajar el placer de sentir nuestro propio proceso de desarrollo, de cambio, de estar preparados, preparadas para lo que venga. De alejarnos de conflictos; de los externos, pero también de los internos.

Cada uno de nosotros tenemos un mapa del mundo, una representación de nuestra REALIDAD, pero esa no es la realidad.

Se trata de aumentar nuestro grado de consciencia para reconocer nuestras NECESIDADES y explorarnos como una forma de enriquecimiento y crecimiento personal.

¿CÓMO?... 

  • Dejándonos acompañar desde el respeto. ¡Déjate querer!

  • Compartiendo nuestras experiencias. ¡Cuéntalo!

  • Escuchando lo que cada uno, cada una, tenga que decir, sin juicios. ¡Soy todo/a oídos!

  • Buscando la brújula que nos guíe en la travesía. ¡Si me necesitas, silba!

  • Aprendiendo a identificar y gestionar las emociones sin castigarnos. Hoy estoy triste, ¿y?

  • Aceptando que esta persona también soy yo. ¡He cambiado!

  • Dando nombre a lo que nos pasa. ¡Me preocupa el futuro!

  • Desmontando las creencias que nos limitan. ¡Voy a salir de esta!

  • Aprendiendo a ser personas compasivas y misericordiosas. ¡Dónde pongo mis miserias!

Las CRISIS, cualquier crisis, deberían estar sostenidas desde distintos aspectos. En una como la actual, llamada sanitaria, está claro que también se verá afectado el aspecto económico, ya lo estamos viendo, pero ¿qué pasa con el resto? ¿por qué no le damos el lugar, la atención, que se merecen?. 

Estos son algunos tips que nos pueden ayudar:

1.- AUTO-gestiona tus EMOCIONES.

Estaremos autogestionando nuestras emociones si logramos transformarlas y encauzar su energía. Entonces seremos capaces de articular una respuesta integradora y apropiada a la situación que las origina.

Una persona inteligente emocionalmente es aquella que tiene la habilidad de:

. percibir su estado emocional, asumirlo y expresarlo.

. comprender la naturaleza de ese estado.

. regularlo para impedir efectos negativos y aprovechar los positivos.

. hacer todo esto con el estado emocional de los que lo rodean.

¿DIFICIL?

2.- Ejercita el OPTIMISMO.

Ser optimista no significa ignorar la realidad. Una persona optimista reconocerá la situación, la aceptará y con esperanza dirá: “Esto será difícil, pero es una oportunidad de replantearme mi vida y hacer cosas que antes no me permitía”.Steven Southwick, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Yale, señala que el optimismo, al igual que el pesimismo, puede ser contagioso. Así que su consejo (y el mío si me lo permitís) es: “Júntate con personas optimistas”.

3.- Desapégate: querer NO es NECESITAR.

El desapego mal entendido puede parecer puro egoísmo, pero nada más lejos de la realidad. Practicar el desapego no significa romper vínculos con todo aquello que es importante para mí, ni siquiera significa dejar de tener objetivos o de querer cosas. Más bien significa que aunque yo quiera algo, no lo necesito para vivir ni para ser feliz.

Aprendamos, pues, a poner en práctica estas 3 sencillas leyes sobre el desapego…

1ª Ley: eres responsable de ti misma/o.

2ª Ley: vive el presente, acepta y asume la realidad.

3ª Ley: asume que las pérdidas van a suceder tarde o temprano. 

4.- “Tira” de tu RED de apoyo.

Una red de apoyo sólida implica identificar a quién podemos acudir en caso de tener una dificultad.

Muchas veces la falta de un lazo en nuestra red de apoyo resulta porque no sabemos reconocer cuándo necesitamos ayuda o pudiéramos llegar a necesitarla, aislándonos de las personas o no procurando círculos sociales.

Evaluemos nuestra red de apoyo emocional:¿En quién confío? ¿Quién me apoya? ¿Quién me escucha? ¿A quién pido consejo?.

5.- Practica la MEDITACIÓN.

Practiquemos nuevas formas de percibir, actuar, pensar y sentir ante lo que nos acontece, creando nuevos patrones que fomenten el bienestar personal y relacional.

La mente se preocupa del pasado y del futuro, sin centrarse en lo que pasa en el momento presente, deribando en muchas ocasiones en estados de ansiedad (se anticipa a la realidad) y rumiación (se ancla en el pasado).

Una mente ajena al presente es incapaz de conocer la realidad tal como es. Por eso debemos apaciguarla, tranquilizarla para que sea capaz de conocer esa realidad.

Justo esto es lo que conseguimos con la práctica de la meditación: dirigir, estabilizar e incrementar la potencia de nuestra atención.

 

Haber estado en un naufragio o en una batalla es algo bello y glorioso; lo peor es que hubo que estar allí para estar allí”.

(Fernando Pessoa)

 

¡SALUD!


https://youtu.be/fqMgHCksXpI

 



Publicado en AUTORRELATOS
Viernes, 22 Mayo 2020 06:24

APRENDER A PEDIR

¿Qué les pasa a algunas personas con las peticiones?

 

Debemos recordar que una PETICIÓN siempre nace de una CARENCIA. Pedimos porque necesitamos algo del otro, algo que nos falta o que no podemos obtener sin ayuda. Esta necesidad nos pone en una situación de vulnerabilidad, nos expone, y esto, a veces, nos cuesta aceptarlo.

Por eso, pedir nos incomoda, nos cuesta trabajo, nos da miedo.

 

Por otro lado, es importante distinguir entre petición y expectativa (petición y deseo). A veces esperamos que la otra persona cumpla con cosas que nunca hemos pedido (al menos de forma clara y directa) y ello nos lleva a la frustración.

 

Una petición no es un DESEO, aunque muchas veces así lo entendemos. Esto hace que la comunicación se trunque, que creemos malos entendidos y que ambas partes se sientan frustradas, ¿os suena?.

 

Por eso, para asegurarnos de que lo estamos haciendo bien, debemos tener en cuenta:

 

  • El contexto. No puedo pedir cualquier cosa en cualquier sitio.

  • Hacer la petición de forma clara y directa. Los “necesitaría”, “me vendría bien”, y cualquier otro tiempo condicional, no son los mejores aliados para pedir.

  • Que sea específica. Cuándo lo quiero, para qué lo quiero y cómo lo quiero.

  • Comprobar que la otra persona tiene “capacidad” para cumplir lo que le estoy pidiendo. No pedir imposibles, seamos razonables.

     

Detrás del miedo a las peticiones, muchas veces está el miedo al NO. A la incapacidad de decirlo y también al terror a que nos lo digan. Las personas que siempre dicen SI (seguro que conoces a alguna), tienen mayor dificultad para hacer peticiones claras.

 

Quizás hemos aprendido, a lo largo de nuestra vida, que decir “no”, no está bien visto. Nos han educado para ser serviciales, amables, estar para los demás olvidándonos de nuestro propio bienestar.

 

Esta forma de relacionarnos, de decir “si” de forma casi instintiva, tiene mucho que ver con nuestra capacidad para poner LÍMITES, alimentada por creencias como:

 

  • Hay que ser servicial.

  • Si digo que no, no me va a querer.

  • Lo hago porque quiero, siempre me ha gustado ayudar.

  • Yo no puedo decir que no.

  • A mi no me importa ocuparme.

  • La gente que pide es desconsiderada.

  • Si me dice que no es porque no le importo.

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Si siempre dices SI porque tienes miedo a decir NO, quizás sea tiempo de actuar, de ocuparte de tu vida y dejar de sentirte culpable. ¿Cómo?. Ahí van algunos tips:

 

  • Reconoce que no puedes hacerlo todo. Es imposible decir "sí" cuando no te sientes bien con eso.

 

  • Repítete a ti mismo/a que no estás siendo egoísta. Piensa en todas las veces que le has dicho "sí" en el pasado.

  • Entiende que no puedes complacer a todo el mundo. No es posible complacer a cada persona todo el tiempo.

  • Piensa en todas las cosas a las que estás diciendo "sí" cuando dices "no."

 

  • Entiende por qué te cuesta decirle no a alguien. Si tienes miedo a que deje de preocuparse por ti, entonces estás en una relación problemática y quizás deberías salir de ella.

  • Entiende las diferentes tácticas que usan las personas para hacer que digas "sí" (intimidación, queja, culpa, halagos,...)

 

Como dice Joan Garriga, las relaciones son co-construidas por sus miembros. Tomemos pues responsabilidad sobre nuestras vidas. Busquemos ayuda si es necesario y dejémonos ayudar, porque ello nos permitirá:

 

  • Abrirnos a lo desconocido. “Doy mi brazo a torcer”.

  • Sintonizar con la vulnerabilidad y la gratitud. “Agradezco a mí, a ti, a la vida...”

  • Soltar nuestras reclamaciones.

  • Reconocer el sufrimiento real. “Suelta amarras”.

  • Confiar.

  • Dar y recibir.

 

Dar ayuda y recibirla ayuda a ambos, en igual medida. Muchos, al final de un largo camino, comprenden que la vida fue providencial, trayendo a cada momento, a los que supieron estar atentos, aquellos y aquellas personas que resultaron cruciales. Entienden por fin que la vida se construye de roces, experiencias y encuentros que nos hacen crecer” (Del libro, Vivir en el alma, de Joan Garriga).

 

Quizás de eso trate la “nueva normalidad”: de hacernos cargo de nuestra VIDA, de aprender a PEDIR sin culpa, de poner LÍMITES desde el respeto, de decir NO sin miedo.

 

¡SALUD!

Publicado en AUTORRELATOS
Jueves, 14 Mayo 2020 17:59

COMPROMISO vs OBLIGACIÓN

Escribir sobre COMPROMISO en estos tiempos, me lleva al texto de Pema Chödron (Cuando todo se derrumba) cuando habla del truco de no tener elección: “No experimentamos el mundo plenamente a menos que estemos dispuestos a darlo todo. Samaya significa no quedarse con nada, no prepararnos una ruta de escape, no buscar alternativas, no pensar que tenemos mucho tiempo y podemos hacer las cosas más adelante”. ¿Con qué estamos verdaderamente comprometidos, comprometidas; con ir a lo seguro manipulando lo que tenemos a nuestro alrededor para obtener seguridad y reconocimiento, o con algo más profundo? ¿En qué nos refugiamos; en la autocomplacencia o en dar el salto que nos permita ir más allá de nuestra zona de seguridad?

 

Como siempre, me gusta jugar con la procedencia de las palabras. El diccionario define COMPROMISO como: “Obligación contraída, palabra dada, fe empeñada”. Proviene del latín compromissum, y está íntimamente relacionada con la palabra PROMESA, que se define como “Expresión de la voluntad de dar a uno o hacer por él una cosa”.

 

El compromiso nos hace libres, nos libera de las garras de las expectativas de los otros. La fórmula perfecta es que el compromiso lo compone un gran porcentaje de motivación con un menor porcentaje de obligación. Y siempre, siempre, es una acción que se asume desde la LIBERTAD. Hace que nos cargamos de energía y fuerza.

 

Así pues, mientras que el compromiso está vinculado a ese sentimiento de libertad (“quiero”), la OBLIGACIÓN tiene más que ver con el VICTIMISMO (“tengo que”).

 

En la obligación estamos forzados a hacer algo que no hemos elegido, que nos lo imponen (mi familia, el gobierno, mi pareja, la comunidad,...) Aparecen entonces los “tengo que...”, “esto es lo que hay...”, “si no lo hago yo nadie lo hace...”, “atente a las consecuencias...”

 

El compromiso es pasión, deseo y motivación para hacer lo que creemos que es mejor, mientras que en la obligación nos centramos en el peligro de no cumplir con lo establecido. ¿Nos resuena?, ¿Qué nos está pasando con el llamado “distanciamiento social”?, ¿Dónde nos situamos en esta “nueva normalidad”?.

 

En palabras de S. Lehman podemos decir que “Compromiso es lo que transforma una promesa en realidad. Es la palabra que habla con valentía de nuestras intenciones. Es la acción que habla más alto que las palabras. Es hacerse el tiempo cuando no lo hay. Es cumplir con lo prometido cuando las circunstancias se ponen adversas. Compromiso es el material con que se forja el carácter para poder cambiar las cosas. Es el triunfo diario de la integridad sobre el escepticismo”.

 

Cuando pensemos en esta distinción lingüística, compromiso vs obligación, recordemos:

 

  • Todo compromiso puede ser roto en función de las circunstancias y de forma coherente. No es un pacto de sangre! Eso también me tranquiliza.

     

  • Comprometerse significa intentar algo nuevo. Qué mejor motivación!

     

  • Cuando nos comprometemos nos alejamos del lenguaje victimista. En nuestras argumentaciones sustituimos los “pero” por “y”. “Quiero irme de viaje “y” de momento no me lo permiten”.

     

  • No se trata de manipular, evitar o huir de los “peligros”, sino de relacionarnos de una forma nueva que nos permita avanzar.

     

  • Recordar el poder del lenguaje. Cambiar los “tengo que”, por “quiero, estoy dispuesto/a”.

 

Como Coach, en los procesos de acompañamiento, mi intención es facilitar que las personas descubran las distintas opciones que tienen para relacionarse con la realidad. Con esta nueva REALIDAD. Descubrir el secreto de la FELICIDAD que, como decía Russell, consiste en que tus intereses sean lo más amplios posibles y que tus reacciones a las cosas y personas que te interesan sean amistosas y no hostiles.

 

SALUD!

Publicado en AUTORRELATOS