Viernes, 30 Octubre 2020 08:01

DOLOR Y DUELO

Hace tiempo que me autorregalo libros. No libros cualquiera. Libros a los que yo llamo bonitos. Por la razón que sea, este es el término que me gusta utilizar. Pueden ser libros con preciosas ilustraciones o simplemente pequeños libros de bolsillo, de pobre encuadernación pero que llevan en su interior aquello que me hace estremecer, me emociona, me pone la piel de gallina, me hace reir como una niña, me hace llorar como una niña.

Así descubrí la edición de “El año del pensamiento mágico”, el precioso libro de Joan Didion, ilustrado por Paula Bonet.

Este lo tenía todo. Era de los bonitos, bonitos. En forma y fondo. Me lo autorregalé en mayo de 2019 e inmediatamente lo abrí con la intención de meterle mano a esa historia que ya sabía yo que no me iba a ser fácil, pero que seguro podría, ¿cómo no iba a poder?

Lo he seguido intentando en más ocasiones desde entonces y en cada ocasión lo he abandonado. No lo he llevado lejos, siempre se ha quedado en mi mesilla, donde monto altarcitos con infinidad de recuerdos que me llevan a donde SIEMPRE me gustaría estar.

Parece que es el momento, cuando el dolor de la pérdida se empieza a transformar en apertura de corazón. Cuando empiezo a desarticular mi sufrimiento. Cuando ya casi tengo claro que hice lo único que podía, que no pudo ser de otra manera. Comparto lo que supone perder a alguien a quien amas. Me sumerjo en sus páginas. Y de nuevo, ese “Blues funerario” de W.H. Auden...

 

Parad todos los relojes y desconectar el teléfono,

dadle un hueso al perro para que no ladre,

haced callar a los pianos y entre tambores con sordina

sacad el ataúd y llamad a las plañideras”

 

En torno a estos días honramos a nuestros difuntos. Nos reunimos de una u otra manera para reconocer, celebrar y agradecer la vida que compartimos con nuestros seres queridos. Encendemos velas o ponemos flores de cempasúchil para, de forma simbólica, iluminar el camino que nos une a ellos.

He aprendido la importancia de los rituales y he entendido que estos son los que nos ayudan, a mi me ayudan, a ver de una forma distinta, a mostrarnos, a hacernos persona resilientes. A través del ritual nos sentimos presentes.

Hace poco aprendí que los RITUALES, para las personas que nos quedamos, ayudan en tres momentos cruciales del DUELO. Al inicio cuando se produce la “separación” del ser que se ha ido, pero también de la tribu a la que ambos pertenecíamos y que ya no nos ve como la persona que antes éramos. En el “umbral” cuando vamos dejando una etapa pero aún no hemos conseguido llegar a la siguiente. Y finalmente en la “reincorporación” cuando vamos asumiendo una nueva identidad demostrando nuestra sabiduría y lo que hemos aprendido por el camino.

Que el tiempo lo cura todo no es verdad. El TIEMPO no cura nada. Quizás, aminore nuestro DOLOR, pero no lo cura. Para eso, como dice J. Garriga, debemos hacer un proceso emocional activo e intenso, que sea capaz de abrir la puerta a todos los sentimientos que nos lleguen y nos lleve a esa etapa de “reincorporación”, de vuelta plena a la vida. No hay más remedio, debemos soltar, como los árboles sueltan sus hojas en otoño, agradeciendo y abriéndonos a lo que está por venir.

Esta vez no hay tips, no hay consejos. Cada uno de nosotros, de nosotras, vivimos nuestras pérdidas de forma personal. Nuestro dolor es único e intransferible. No hay pérdidas pequeñas ni grandes. Sin embargo, me gustaría recoger “Los diez si” y “Los diez no” que expone J. Bucay en su obra “El camino de las lágrimas”.

 

LOS “SI”

 

  • Permiso. Permítete sentirte mal, necesitada o vulnerable.

  • Confianza. Confía en tus recursos.

  • Nuevos ojos y nuevas puertas.

  • Aceptación. Hablar de tu pérdida puede ayudarte.

  • Conexión con la vida. Es necesario soltar el pasado.

  • Gratitud. Valora las cosas buenas que te sigue ofreciendo la vida.

  • Las 3 D: descansa, disfruta y (inténtalo) diviértete.

  • Aprendizaje. Hacer un proceso de duelo significa aprender a vivir sin alguien, de una forma diferente.

  • Definiciones. Después de la muerte va a pasar lo que cada uno creamos que va a pasar. Y todo está bien.

  • Compartir lo aprendido. Hablar de tu experiencia puede serles útil a otras personas.

 

LOS “NO”

 

  • Esconderse. No cierres tu corazón al dolor.

  • Descuido. Pon atención a tu cuerpo, aliméntate bien, y si es necesario, pide ayuda.

  • No te apures. No puedes llorar hoy lo de mañana, ni seguir llorando lo de ayer.

  • No pidas imposibles. Esa persona no va a regresar. Si pides (a Dios, al Universo, a quien sea), que sea que te ayude a aceptar tu nueva realidad.

  • Autoexigencia. No te maltrates. Se paciente contigo misma, no importa que los demás digan que “ya va siendo hora de dejar de llorar”.

  • Miedo a volverse loco/a. La tristeza, la culpa, la confusión e incluso el deseo de morir, son reacciones habituales después de una pérdida importante.

  • Perder la paciencia. No seamos exigentes con los demás pero tampoco te ocupes de complacerlos. Apártate si es necesario y busca a quienes te permitan desahogarte.

  • Autosuficiencia. No dejes de pedir ayuda.

  • No tomes decisiones importantes.

  • El olvido. No intentes olvidar lo que pasó. Permítete hacer un proceso amoroso donde la persona que se fue ocupe un lugar hermoso en tu corazón.

 

Desde mi experiencia, desde mi SER, me propongo, acompañar a quienes transitan un duelo, ayudando a ampliar la mirada en torno a la pérdida. Reconociendo que el miedo a la muerte, a la pérdida de ese ser querido es fuente de sufrimiento. El trabajo, sin embargo, es pasar de ese sufrimiento al dolor, alejándonos de culpa y aprendiendo a DEJAR IR, a SOLTAR, a ACEPTAR.

 

 

El pesar oculto, como un horno cerrado,

quema el corazón hasta reducirlo a cenizas”

- W. Shakespeare -

 

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Viernes, 23 Octubre 2020 07:11

PERDÓN Y OLVIDO

¿Cuántas veces habéis dicho la frase, “perdono pero no olvido”? Seguramente muchas. Yo creo haberla dicho en algún momento. La pregunta es, ¿se puede perdonar sin olvidar?

Duele, duele muchísimo, sentirse herido por alguien. Provoca en nosotros, en nosotras, emociones entre la ira, la rabia y el desamparo. Duele, duele incluso físicamente.

Sin embargo, esta es la buena noticia, el PERDÓN es uno de los mejores ejercicios terapéuticos que podemos hacer.

Puede ser un acto difícil, pero os aseguro que nos libera. Nos ayuda a liberarnos de todas esas emociones no deseadas que antes decíamos -ira, rabia, desamparo- La mejor forma de cerrar las heridas es dar y recibir perdón. Es liberarnos de esas creencias que nos producen dolor. Es liberarnos de CULPA.

El perdón, como dice J. Lomar, es “el puente entre tu mente en conflicto y tu mente en paz”.

Perdonar NO es MINIMIZAR lo que sucedió, ni mucho menos, no es que de pronto todo esté solucionado. Perdonar es un verdadero acto de generosidad, generosidad hacia uno, hacia una misma. ¡He aquí la magia!

No se trata de cambiar al otro, ni olvidar lo sucedido sin más. Se trata de transformar el enfado y el dolor, en comprensión y aceptación.

Cuando de pequeñas nuestra madre nos decía: “pide perdón”, seguro que lo vivíamos como una obligación, algo que nos obligaban a hacer en contra de nuestra voluntad. Sin embargo, el perdón es un derecho, es mi derecho a no sentirme resentida, a no odiar, a no cargar con el dolor que me provocó aquello que pasó.

Pero (y) PERDONAR es OLVIDAR. Si no olvidamos, si guardamos todos los agravios que nos han hecho a lo largo de la vida, ¿Dónde me sitúo?, seguramente en el rencor, alimentando creencias y pensamientos destructivos que nos impiden estar en PAZ.

Perdonar y no olvidar es perdonar a medias. El olvido no se produce de la noche a la mañana, necesita tiempo y acción que te ayude a seguir adelante dejando atrás aquello que te hirió y te ancla al pasado.

Pero, sabemos, de verdad, qué es perdonar...

Para ejercer el verdadero perdón, alejándonos de todo sufrimiento, de todo sacrificio, estos son mis tips: 

  • Expresa, exprésate, lo que sientes. 

  • Acepta tu responsabilidad en aquello que pasó. Sin culpa. 

  • Aléjate de los pensamientos negativos. Visualiza esa emoción no deseada. Dale forma, color, textura. De este modo te será más fácil mantener esa “conversación” con ella y decirle lo que sientes. 

  • Perdona con todas sus consecuencias. Sin condiciones. Estas son las reglas del juego. 

  • No esperes nada del otro. Responsabilízate de lo tuyo. Cada palo que aguante su vela. Cuando perdonas, el regalo es para ti.

  • No caigas en el victimismo. Es fácil, muy fácil. Nos sentimos, “tan desamparados”. 

  • Acepta lo ocurrido y sigue adelante con tu vida. Aléjate del rencor. Empieza a recordar lo sucedido sin que te duela. 

  • Di: “te perdono”, verás que es una experiencia liberadora porque rompe el vínculo con aquello que te hizo daño. 

  • Permite que lleguen a ti nuevas experiencias y emociones. 

  • Toma lo sucedido como un aprendizaje para que no te vuelva a pasar. Y ahora...

 

Deja ir esa situación que te hirió.

 

 

"El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra.

 Es dos veces bendecido;

 bendice al que lo da y al que lo recibe"

- W. Shakespeare -

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Viernes, 18 Septiembre 2020 07:31

¿DE VERDAD EXISTEN PERSONAS TÓXICAS?

Existe un término, deliberadamente perverso, que se ha asentado de forma natural en nuestro vocabulario: PERSONAS TÓXICAS.

Nos encontramos con infinita información, estudios sesudos, otros no tanto, grandes expertos y seguramente algún que otro listillo que se tira a la piscina haciendo clasificaciones, recomendaciones, mil y una teorías sobre lo que las personas inteligentes emocionalmente tienen que hacer para “manejar” (palabra horrible) a las personas tóxicas. Así, tal cual lo he visto escrito!

Cuando clasificamos a alguien de nuestro entorno con esta terminología, ¿qué estamos haciendo?.

.Los estamos etiquetando: “Los rasgos de las personas tóxicas son...”

.Nos estamos posicionando en un lugar de superioridad: “Aprende a manejar a una persona tóxica, identifícalas para alejarte de ellas, si te quieres, aléjate de ellas...”

.Nos convertimos en perseguidores desde una falsa situación de víctima: “Cuidado!!!, puedes estar siendo víctima de una persona tóxica...”

.Caes en la trampa de relacionar tu éxito personal con el alejamiento de personas tóxicas: “La gente exitosa maneja a las personas tóxicas...”

Contínuamente nos recomiendan que no nos acerquemos a los quejumbrosos. Que no sigamos sus comportamientos “irracionales”. Que no nos dejemos manipular por ellos. Que no nos roben nuestra felicidad. Y sobre todo, que ante este “tipo de personas” , si acaso, aprendamos a perdonar, pero nunca a olvidar (mala noticia, esto NO es perdonar. Muy pronto haré una reflexión sobre el PERDÓN).

A mí todo esto me resulta descorazonador. No porque me sienta en los mundos de Yupi, no porque la espiritualidad me haya calado tanto que me ha convertido en Buda, simplemente porque me hace reflexionar sobre este mundo cada vez más dual, donde nos sentimos con el derecho de decir que está bien y que mal, sin pudor, con el convencimiento de que mi verdad es LA VERDAD.

Seguramente todos y todas hemos encajado en ocasiones en alguno de estos perfiles.

Seguramente hemos sido impertinentes, antipáticos, iracundos o chupadores de energía.

Por eso, en lugar de hablar de personas tóxicas, con lo que supone que te clasifiquen así, ¿por qué no hablamos de SITUACIONES TÓXICAS?

Desde luego, para mí, entre personas y situaciones, estos son mis TIPS:

.-Es más lícito ponerle una etiqueta a una situación, a una escena determinada y lo que esta te provoca.

.-Es más factible gestionar una situación. Porque, ¿quién soy yo para gestionar a nadie?.

.-Es más fácil alejarte de esa situación concreta. Esto me molesta, me inquieta, me incomoda, y yo decido alejarme.

.-Podemos salir del victimismo si pensamos en una escena concreta. Si generalizamos y relacionamos ese sentimiento con la persona que participa en la escena, ¿a quién le estoy dando el poder?

.-Profecía autocumplida. Si enfocamos nuestra emoción en la persona, seguramente se cumpla “eso” que tanto tememos (seguro que se enfada, ya verás como monta el numerito, cuando le diga que no me va a gritar...)

.-No caemos en el engaño de poner el éxito personal en los demás. A veces pensamos que nuestro éxito profesional no se ha producido porque tenemos un jefe “tóxico”, o porque nuestras compañeras de trabajo son unas histéricas, ¿seguro?.

Preguntarnos para qué esa persona se comporta de esa determinada manera puede resultar difícil, cansado y hasta agotador, pero os aseguro que ayuda cuando nos situamos en una posición de igualdad. Cuando tomamos responsabilidad en el asunto y tomamos conciencia de lo que podemos o no hacer ante esa situación.

¿Difícil?, como siempre digo...Nadie dijo que fuera fácil!

En definitiva, alejarnos de esa terminología nos da paz, nos hace personas más compasivas, empáticas y...FELICES.

 

¡SALUD!

 

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Jueves, 04 Junio 2020 17:40

EL MUNDO SUTIL

El mundo sutil tiene que ver con la mirada. El mundo sutil es donde reside la esencia. El mundo sutil es el presente, el gozo de cada instante.

Hoy os hablo de coaching, cambio de observador y mundos sutiles.

Dice Julio Olalla que, “los puntos cardinales del COACHING son: la confianza, la aceptación, la ternura y la gentil irreverencia”.

Cuando alguien llega a tu consulta, tienes la plena seguridad de que esa persona sabe todo lo que tiene que saber sobre el asunto que le trae, para resolverlo o para conseguir un mejor resultado que el que ha obtenido hasta el momento. En realidad, es el único capaz de encontrar respuestas para conseguir sus objetivos.

¿Para qué entonces un COACH?

Pues, entre otras cosas, para AYUDAR a la persona a REFORMULAR el problema; porque un asunto bien definido seguramente tiene una solución fácil, sin embargo, un problema al que aparentemente no le encontramos solución, muy probablemente haya sido formulado de una forma restrictiva y limitante. Se trata de buscar en una dirección distinta a la que habíamos seguido hasta ahora.

Esta reformulación, en un proceso de coaching, se hace a través de preguntas efectivas que PROPONEN al cliente reconsiderar esa antigua forma de definir su problema. Con ello provocamos un cambio de perspectiva que le permite descubrir enfoques diferentes.

Ante todo, le estamos otorgando poder y responsabilidad. Estamos situando a la persona en el centro del proceso, y eso facilitará que tome acción en su trabajo personal.

Pero (Y) no podemos olvidar que cada ser humano es un observador distinto. La realidad es la forma, más o menos definida, en la que cada uno, cada una, capta los hechos. Ante un mismo objeto, cada cual lo interpretará desde su experiencia, desde su sentir, desde lo que le dijeron desde pequeño que debía ser ese objeto. Cada cual le da su significado.

¿Qué es lo que nos hace ser uno u otro OBSERVADOR/A?

Evidentemente, nuestra posición en el mundo y la perspectiva que nos muestre: nuestra historia personal, nuestros valores, nuestras creencias, nuestras emociones, nuestros pasos, nuestros golpes, nuestro camino al andar.

Lo explica muy bien el cuento de “Los ciegos y el elefante”:

""Un grupo de ciegos se aproxima ante un mismo fenómeno que no habían conocido antes: un elefante. Para lograr describir ese fenómeno lo hacen de acuerdo a lo que pueden percibir, en este caso, a través del tacto, y así entender qué es un elefante. Y uno que tocaba la trompa, decía: “Un elefante es como una gran serpiente”. Otro que tocaba su pata delantera, se negaba ante esa descripción y argumentaba: “¡No!, es más bien como el tronco de una palmera”. Otro que tocaba una de sus orejas, decía: “¡Pero qué dices! Si es un enorme abanico”. Y por último, el cuarto ciego mientras tocaba los pelos de la cola, finalizaba: “¡Están todos equivocados! Es más bien como un ratón”".

Ya vemos que para algunos la “realidad” no es más que una gran serpiente, para otros un tronco de palmera, para los de más allá un enorme abanico y para los de aquí un simple ratón. Como dice Rafael Echeverría, vivimos en mundos interpretativos, no sabemos cómo son las cosas, solo sabemos cómo las observamos.

Ser observadores de la realidad nos lleva a ver el mundo de una manera particular. Nos lleva a relacionarnos de una manera específica que produce resultados específicos. Lo que conseguimos con un proceso de coaching es que, si esos resultados no nos satisfacen, simplemente encontramos una manera nueva, distinta, de “hacer” las cosas. Cambiamos de observador.

Hacer un CAMBIO DE OBSERVADOR no es simple, ni rápido, ni fácil. Necesitamos hacer cambios profundos revisando nuestras creencias, el sistema en el que nos relacionamos, la cultura a la que pertenecemos. En definitiva, tocar nuestros cimientos para, desde ahí, poder construir una nueva forma de situarnos en el mundo y poder obtener los resultados que deseo y ahora no estoy obteniendo.

La clave de este proceso, y yo diría de cualquier proceso de coaching, es el APRENDIZAJE.

No se trata de acumular conocimientos, evidentemente, estoy hablando de aprendizaje transformativo. Ese que provoca un impacto en nosotros y ayuda a transformar esos cimientos de los que hablábamos antes.

Es la clave para convertirnos en nuevos observadores de la realidad y que nos lleve a ver de forma diferente el sistema en el que estamos inmersos, permitiéndonos realizar acciones que nos ayuden a desarrollar nuestro potencial como personas.

Si tu mente está llena de conocimiento, estás siempre preparado para nada. Si está abierta, como la de los principiantes, estás disponible para todo. En la mente de los principiantes están las mayores posibilidades; en la mente de los expertos hay pocas” (S. Suzuki)

Para finalizar, os propongo un sencillo EJERCICIO para practicar el cambio de observador. Se trata de hacer un REENCUADRE de una situación determinada:

1.- Cojamos como ejemplo una expresión que seguramente muchos de nosotros usamos. Es el “temido”, “Si, pero...”

2.- Piensa en una situación positiva, agradable, bienvenida en tu vida. Por ejemplo: “Me han contratado en una gran empresa como jefa de departamento”.

3.- Apliquémosle nuestro patrón. La frase quedaría así: “SI, me han contratado en una gran empresa como jefa de departamento, PERO seguro que con la situación de crisis que vivimos el contrato no durará mucho”.

4.- Ahora, cambia la palabra “pero”, por “aunque”. La frase quedaría de la siguiente manera: “SI, me han contratado en una gran empresa como jefa de departamento, AUNQUE con la situación de crisis que vivimos, el contrato no durará mucho”.

5.- Observa hacia dónde va tu atención en uno y otro caso. Date cuenta de la importancia de nuestros pensamientos y de lo que nos decimos.

Mira lo que ocurre con este pequeño cambio de percepción.

Este caso es “facilito”, pero no siempre es así y se requiere de ayuda profesional. Te invito a practicar. ¿Cuál es tu “si, pero...”?

 

¡SALUD!

https://youtu.be/iLgLA-lLaXQ

Música: Savina Yannatou





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Viernes, 22 Mayo 2020 06:24

APRENDER A PEDIR

¿Qué les pasa a algunas personas con las peticiones?

 

Debemos recordar que una PETICIÓN siempre nace de una CARENCIA. Pedimos porque necesitamos algo del otro, algo que nos falta o que no podemos obtener sin ayuda. Esta necesidad nos pone en una situación de vulnerabilidad, nos expone, y esto, a veces, nos cuesta aceptarlo.

Por eso, pedir nos incomoda, nos cuesta trabajo, nos da miedo.

 

Por otro lado, es importante distinguir entre petición y expectativa (petición y deseo). A veces esperamos que la otra persona cumpla con cosas que nunca hemos pedido (al menos de forma clara y directa) y ello nos lleva a la frustración.

 

Una petición no es un DESEO, aunque muchas veces así lo entendemos. Esto hace que la comunicación se trunque, que creemos malos entendidos y que ambas partes se sientan frustradas, ¿os suena?.

 

Por eso, para asegurarnos de que lo estamos haciendo bien, debemos tener en cuenta:

 

  • El contexto. No puedo pedir cualquier cosa en cualquier sitio.

  • Hacer la petición de forma clara y directa. Los “necesitaría”, “me vendría bien”, y cualquier otro tiempo condicional, no son los mejores aliados para pedir.

  • Que sea específica. Cuándo lo quiero, para qué lo quiero y cómo lo quiero.

  • Comprobar que la otra persona tiene “capacidad” para cumplir lo que le estoy pidiendo. No pedir imposibles, seamos razonables.

     

Detrás del miedo a las peticiones, muchas veces está el miedo al NO. A la incapacidad de decirlo y también al terror a que nos lo digan. Las personas que siempre dicen SI (seguro que conoces a alguna), tienen mayor dificultad para hacer peticiones claras.

 

Quizás hemos aprendido, a lo largo de nuestra vida, que decir “no”, no está bien visto. Nos han educado para ser serviciales, amables, estar para los demás olvidándonos de nuestro propio bienestar.

 

Esta forma de relacionarnos, de decir “si” de forma casi instintiva, tiene mucho que ver con nuestra capacidad para poner LÍMITES, alimentada por creencias como:

 

  • Hay que ser servicial.

  • Si digo que no, no me va a querer.

  • Lo hago porque quiero, siempre me ha gustado ayudar.

  • Yo no puedo decir que no.

  • A mi no me importa ocuparme.

  • La gente que pide es desconsiderada.

  • Si me dice que no es porque no le importo.

  •  

  •  

  •  

 

Si siempre dices SI porque tienes miedo a decir NO, quizás sea tiempo de actuar, de ocuparte de tu vida y dejar de sentirte culpable. ¿Cómo?. Ahí van algunos tips:

 

  • Reconoce que no puedes hacerlo todo. Es imposible decir "sí" cuando no te sientes bien con eso.

 

  • Repítete a ti mismo/a que no estás siendo egoísta. Piensa en todas las veces que le has dicho "sí" en el pasado.

  • Entiende que no puedes complacer a todo el mundo. No es posible complacer a cada persona todo el tiempo.

  • Piensa en todas las cosas a las que estás diciendo "sí" cuando dices "no."

 

  • Entiende por qué te cuesta decirle no a alguien. Si tienes miedo a que deje de preocuparse por ti, entonces estás en una relación problemática y quizás deberías salir de ella.

  • Entiende las diferentes tácticas que usan las personas para hacer que digas "sí" (intimidación, queja, culpa, halagos,...)

 

Como dice Joan Garriga, las relaciones son co-construidas por sus miembros. Tomemos pues responsabilidad sobre nuestras vidas. Busquemos ayuda si es necesario y dejémonos ayudar, porque ello nos permitirá:

 

  • Abrirnos a lo desconocido. “Doy mi brazo a torcer”.

  • Sintonizar con la vulnerabilidad y la gratitud. “Agradezco a mí, a ti, a la vida...”

  • Soltar nuestras reclamaciones.

  • Reconocer el sufrimiento real. “Suelta amarras”.

  • Confiar.

  • Dar y recibir.

 

Dar ayuda y recibirla ayuda a ambos, en igual medida. Muchos, al final de un largo camino, comprenden que la vida fue providencial, trayendo a cada momento, a los que supieron estar atentos, aquellos y aquellas personas que resultaron cruciales. Entienden por fin que la vida se construye de roces, experiencias y encuentros que nos hacen crecer” (Del libro, Vivir en el alma, de Joan Garriga).

 

Quizás de eso trate la “nueva normalidad”: de hacernos cargo de nuestra VIDA, de aprender a PEDIR sin culpa, de poner LÍMITES desde el respeto, de decir NO sin miedo.

 

¡SALUD!

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Jueves, 14 Mayo 2020 17:59

COMPROMISO vs OBLIGACIÓN

Escribir sobre COMPROMISO en estos tiempos, me lleva al texto de Pema Chödron (Cuando todo se derrumba) cuando habla del truco de no tener elección: “No experimentamos el mundo plenamente a menos que estemos dispuestos a darlo todo. Samaya significa no quedarse con nada, no prepararnos una ruta de escape, no buscar alternativas, no pensar que tenemos mucho tiempo y podemos hacer las cosas más adelante”. ¿Con qué estamos verdaderamente comprometidos, comprometidas; con ir a lo seguro manipulando lo que tenemos a nuestro alrededor para obtener seguridad y reconocimiento, o con algo más profundo? ¿En qué nos refugiamos; en la autocomplacencia o en dar el salto que nos permita ir más allá de nuestra zona de seguridad?

 

Como siempre, me gusta jugar con la procedencia de las palabras. El diccionario define COMPROMISO como: “Obligación contraída, palabra dada, fe empeñada”. Proviene del latín compromissum, y está íntimamente relacionada con la palabra PROMESA, que se define como “Expresión de la voluntad de dar a uno o hacer por él una cosa”.

 

El compromiso nos hace libres, nos libera de las garras de las expectativas de los otros. La fórmula perfecta es que el compromiso lo compone un gran porcentaje de motivación con un menor porcentaje de obligación. Y siempre, siempre, es una acción que se asume desde la LIBERTAD. Hace que nos cargamos de energía y fuerza.

 

Así pues, mientras que el compromiso está vinculado a ese sentimiento de libertad (“quiero”), la OBLIGACIÓN tiene más que ver con el VICTIMISMO (“tengo que”).

 

En la obligación estamos forzados a hacer algo que no hemos elegido, que nos lo imponen (mi familia, el gobierno, mi pareja, la comunidad,...) Aparecen entonces los “tengo que...”, “esto es lo que hay...”, “si no lo hago yo nadie lo hace...”, “atente a las consecuencias...”

 

El compromiso es pasión, deseo y motivación para hacer lo que creemos que es mejor, mientras que en la obligación nos centramos en el peligro de no cumplir con lo establecido. ¿Nos resuena?, ¿Qué nos está pasando con el llamado “distanciamiento social”?, ¿Dónde nos situamos en esta “nueva normalidad”?.

 

En palabras de S. Lehman podemos decir que “Compromiso es lo que transforma una promesa en realidad. Es la palabra que habla con valentía de nuestras intenciones. Es la acción que habla más alto que las palabras. Es hacerse el tiempo cuando no lo hay. Es cumplir con lo prometido cuando las circunstancias se ponen adversas. Compromiso es el material con que se forja el carácter para poder cambiar las cosas. Es el triunfo diario de la integridad sobre el escepticismo”.

 

Cuando pensemos en esta distinción lingüística, compromiso vs obligación, recordemos:

 

  • Todo compromiso puede ser roto en función de las circunstancias y de forma coherente. No es un pacto de sangre! Eso también me tranquiliza.

     

  • Comprometerse significa intentar algo nuevo. Qué mejor motivación!

     

  • Cuando nos comprometemos nos alejamos del lenguaje victimista. En nuestras argumentaciones sustituimos los “pero” por “y”. “Quiero irme de viaje “y” de momento no me lo permiten”.

     

  • No se trata de manipular, evitar o huir de los “peligros”, sino de relacionarnos de una forma nueva que nos permita avanzar.

     

  • Recordar el poder del lenguaje. Cambiar los “tengo que”, por “quiero, estoy dispuesto/a”.

 

Como Coach, en los procesos de acompañamiento, mi intención es facilitar que las personas descubran las distintas opciones que tienen para relacionarse con la realidad. Con esta nueva REALIDAD. Descubrir el secreto de la FELICIDAD que, como decía Russell, consiste en que tus intereses sean lo más amplios posibles y que tus reacciones a las cosas y personas que te interesan sean amistosas y no hostiles.

 

SALUD!

Publicado en AUTORRELATOS