Viernes, 04 Diciembre 2020 08:15

LAS CORAZAS

 

 

Quizás las corazas puedan ser el símbolo de las personas que han -que hemos- sufrido en exceso. quizás sea la protección que muchos eligen para detener ese sufrimiento, para impedir romperse nuevamente.

Suele ser una de las muchas estrategias que los seres humanos utilizamos para sobrevivir en lugar de vivir.

Buscamos seguridad amparándonos en el miedo. Un miedo que nos paraliza, nos anestesia, no nos deja avanzar. Sentimos que nos cansa la vida y lo único que queremos es protegernos detrás de ese muro donde nada ni nadie, al menos de momento, pueda herirnos.

 

Nos cuesta aceptar que vivir es afrontar riesgos, que no todo va a pasar como deseamos o habíamos planeado, que el dolor y el sufrimiento pueden llegar en cualquier momento y nos pondrá a prueba.

Todo, la felicidad y el sufrimiento, forman parte de nuestro recorrido por el mundo. Seguramente nadie es inmune a ninguno de los dos estados. Por tanto, acojamos a ambos como parte de nosotros.

Desde luego, gestionar los golpes es algo personal e intransferible. Nadie siente mi dolor, es imposible. Mi sufrimiento, mi herida, es mía y de nadie más. ¿Cómo va a ser de otro modo?

Añadimos a todo esto que, no todos tenemos los mismos recursos, los mismos apoyos ni somos capaces de diseñar estrategias que nos ayuden a paliar, a transitar el dolor sin salir heridos de muerte.

En cualquier caso, afrontemos el sufrimiento de una u otra forma, siempre nos genera secuelas físicas y emocionales. Elimina en nosotros cualquier ápice de motivación, nos agota, nos desgasta, nos chupa la energía. El sufrimiento es algo orgánico, con él disminuye la segregación de serotonina y aumenta el cortisol.

 

EL PARA QUÉ DE LAS CORAZAS...

 

Sin duda, tu coraza te protege de la persona que quiere destruirte. Pero si no la dejas caer, te aislará también de la única que puede amarte”.

-Richard Bach-



Todos tenemos nuestro escudo personal para blindarnos ante el dolor, para “salvarnos”, aunque a veces no sepamos ni de qué, ni de quien. Creemos que tenemos que hacernos fuertes ante posibles amenazas, así, seguramente, lo hemos aprendido. Necesitamos protegernos.

¿Dónde está el problema? Pues que muchas veces nos “olvidamos” de destruir, de deshacernos de esas corazas que en un momento dado quizás nos sirvieron pero que justo en este instante provocan en nosotros el efecto contrario. Estamos dejando que tomen el control de nuestra vida y las convertimos en el filtro a través del cual vemos la realidad. Son muros que nos aislan del sufrimiento, pero también del amor y de cualquier experiencia vital: ¡No siento para no sufrir!

Podemos llegar a autosabotearnos, a boicotearnos, a bloquearnos emocionalmente, anclados en esa creencia de que aquello que me sirvió en un momento dado, me va a servir el resto de mi vida. Así, la coraza se conviete en trampa disfrazada de protección.

Muchas personas tienen tanto miedo a ser heridas que, de forma inconsciente, escondiéndose tras la coraza que supuestamente les protege, lo que hacen es alejarse de toda fuente de amor.

Deshacernos, derrumbar las corazas no es fácil, hay que hacerlo poco a poco, y sobre todo es imprescindible para ello disponer de una buena dosis de amor (autoamor), un buen pellizco de comprensión, armarnos de paciencia y aceptación durante el camino.

No hay recetas mágicas, se trata de tomar conciencia, de conectarnos con nosotros mismos, con nuestro presente, con lo que de verdad ahora, en este preciso instante quiero, y qué me estoy perdiendo.

Este es el trabajo, de eso se trata, de hacernos responsables, de liberarnos de todo atisbo de culpa, de tratarnos bien, porque evitar el sufrimiento a corto plazo puede parecer sencillo e incluso placentero, pero quizás a la larga genere más dolor.

La vida no siempre es fácil, pero (y) todo lo que nos pasa son capítulos que debemos integrar en la historia de nuestra vida. Dejemos de vivir a la defensiva.

Como dice B. Vilaseca: “Vivir sin coraza implica aceptar y sentir la propia vulnerabilidad. Esta es la auténtica fortaleza”.

¡SALUD!

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Viernes, 18 Septiembre 2020 07:31

¿DE VERDAD EXISTEN PERSONAS TÓXICAS?

Existe un término, deliberadamente perverso, que se ha asentado de forma natural en nuestro vocabulario: PERSONAS TÓXICAS.

Nos encontramos con infinita información, estudios sesudos, otros no tanto, grandes expertos y seguramente algún que otro listillo que se tira a la piscina haciendo clasificaciones, recomendaciones, mil y una teorías sobre lo que las personas inteligentes emocionalmente tienen que hacer para “manejar” (palabra horrible) a las personas tóxicas. Así, tal cual lo he visto escrito!

Cuando clasificamos a alguien de nuestro entorno con esta terminología, ¿qué estamos haciendo?.

.Los estamos etiquetando: “Los rasgos de las personas tóxicas son...”

.Nos estamos posicionando en un lugar de superioridad: “Aprende a manejar a una persona tóxica, identifícalas para alejarte de ellas, si te quieres, aléjate de ellas...”

.Nos convertimos en perseguidores desde una falsa situación de víctima: “Cuidado!!!, puedes estar siendo víctima de una persona tóxica...”

.Caes en la trampa de relacionar tu éxito personal con el alejamiento de personas tóxicas: “La gente exitosa maneja a las personas tóxicas...”

Contínuamente nos recomiendan que no nos acerquemos a los quejumbrosos. Que no sigamos sus comportamientos “irracionales”. Que no nos dejemos manipular por ellos. Que no nos roben nuestra felicidad. Y sobre todo, que ante este “tipo de personas” , si acaso, aprendamos a perdonar, pero nunca a olvidar (mala noticia, esto NO es perdonar. Muy pronto haré una reflexión sobre el PERDÓN).

A mí todo esto me resulta descorazonador. No porque me sienta en los mundos de Yupi, no porque la espiritualidad me haya calado tanto que me ha convertido en Buda, simplemente porque me hace reflexionar sobre este mundo cada vez más dual, donde nos sentimos con el derecho de decir que está bien y que mal, sin pudor, con el convencimiento de que mi verdad es LA VERDAD.

Seguramente todos y todas hemos encajado en ocasiones en alguno de estos perfiles.

Seguramente hemos sido impertinentes, antipáticos, iracundos o chupadores de energía.

Por eso, en lugar de hablar de personas tóxicas, con lo que supone que te clasifiquen así, ¿por qué no hablamos de SITUACIONES TÓXICAS?

Desde luego, para mí, entre personas y situaciones, estos son mis TIPS:

.-Es más lícito ponerle una etiqueta a una situación, a una escena determinada y lo que esta te provoca.

.-Es más factible gestionar una situación. Porque, ¿quién soy yo para gestionar a nadie?.

.-Es más fácil alejarte de esa situación concreta. Esto me molesta, me inquieta, me incomoda, y yo decido alejarme.

.-Podemos salir del victimismo si pensamos en una escena concreta. Si generalizamos y relacionamos ese sentimiento con la persona que participa en la escena, ¿a quién le estoy dando el poder?

.-Profecía autocumplida. Si enfocamos nuestra emoción en la persona, seguramente se cumpla “eso” que tanto tememos (seguro que se enfada, ya verás como monta el numerito, cuando le diga que no me va a gritar...)

.-No caemos en el engaño de poner el éxito personal en los demás. A veces pensamos que nuestro éxito profesional no se ha producido porque tenemos un jefe “tóxico”, o porque nuestras compañeras de trabajo son unas histéricas, ¿seguro?.

Preguntarnos para qué esa persona se comporta de esa determinada manera puede resultar difícil, cansado y hasta agotador, pero os aseguro que ayuda cuando nos situamos en una posición de igualdad. Cuando tomamos responsabilidad en el asunto y tomamos conciencia de lo que podemos o no hacer ante esa situación.

¿Difícil?, como siempre digo...Nadie dijo que fuera fácil!

En definitiva, alejarnos de esa terminología nos da paz, nos hace personas más compasivas, empáticas y...FELICES.

 

¡SALUD!

 

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Viernes, 04 Septiembre 2020 09:41

PROCRASTINACIÓN

Justo ahora, cuando este extraño verano casi llega a su fin, os vengo con nueva reflexión sobre este término, como decíamos, difícil de pronunciar y más difícil de gestionar. Y recordamos, ahora que estamos en pleno intento de vuelta a la normalidad, que “cualquier día” no es un día de la semana.

PROCRASTINAR quiere decir dejar para el futuro, es una palabra de origen latino, viene de procrastinare que significa aplazar.
Cuando la realización de una tarea nos resulta desagradable, trabajosa o cansada, física o psicológicamente, la mayoría de las personas buscamos la forma de posponerla, ya sea llevando a cabo otras actividades más placenteras o simplemente dejando pasar el tiempo.

Cuando te des cuenta que estás procrastinando, pregúntate, ¿de qué estoy huyendo? Porque sí, amigos y amigas, procrastinar tiene mucho que ver con la huida y la evitación.

Evitamos hacer algo porque exponernos a ello nos genera ansiedad y malestar. Quizás nuestro cerebro, una vez más, nos hace el jueguecito y sentimos un cierto placer momentáneo, pero no nos engañemos, estamos cayendo en una trampa y cada vez habrá más situaciones que “nos apetezca” evitar y que nos llevará a limitar nuestra vida y quizás nos suma en un profundo malestar.

Por tanto, huir y evitar nunca es la salida, tan solo nos provoca un bienestar momentáneo, una ilusión de la realidad. La tarea pendiente sigue estando ahí.

Los griegos llamaban a la procrastinación “akrasía”, que quiere decir falta de autocontrol y tendencia a actuar en contra de nuestro verdadero interés.

Para mí, tiene mucho que ver con el autosabotaje, del que ya hemos hablado en alguna ocasión. Tiene que ver con esa batalla interna que nos impide, tantas veces, estar en PAZ.

En la ESTRATEGIA para dejar de procrastinar, estos son mis 10 TIPS:

 

  1. Párate y haz una lista de excusas, de las tuyas, de esas que te dices cada vez que te enfrentas a una tarea. Elimíalas de tu vida. ¿Difícil?, nadie dijo que fuera fácil.

     

  2. Piensa qué consecuencia real, de verdad, está provocando que tú pospongas eso que no te apetece hacer.

     

  3. Ponte en la situación contraria, ¿Qué beneficio vas a obtener si lo haces?

     

  4. Prémiate. No tienen que ser grandes regalos. Simplemente concédete un pequeño capricho por haberle metido mano a eso que llevabas tiempo posponiendo.

     

  5. No hay que hacerlo todo a la vez. Dosifica tus tareas. ¿Recuerdas el refrán, “el que mucho abarca, poco aprieta”?, pues eso!

     

  6. Confía en ti. El miedo al fracaso hace que tu mente te empuje al abismo de la procrastinación.

     

  7. Deja de poner excusas, el universo no tiene la culpa. Responsabilízate de tu vida, de tus éxitos y de tus fracasos.

     

  8. Planifica. Diferencia entre lo importante y lo urgente. Pon-te fechas límites.

     

  9. Regla de los 5 segundos de Mel Robbins. Llega el momento de hacer “eso” que no te apetece. Sabes que tienes que hacerlo, pero dudas. En ese momento, haz una cuenta atrás de 5 segundos y...¡ponte en marcha! Pasados esos 5 segundos, si no lo has hecho, tu cerebro, que es muy listo, abandonará la idea y tú te convencerás que es mejor dejarlo para otro momento. ¡Este es el juego!

     

  10. Practica algún tipo de meditación. Se ha comprobado que hay una relación inversa entre la procrastinación y la meditación consciente o mindfulness. Si nos concentramos en el momento presente ayudamos a evitar la procrastinación y al contrario, cuando la evitamos, estamos facilitando vivir en el momento presente.

 

Ahora, que seguramente estás a punto de reincorporarte, de retomar tus tareas cotidianas, ¿dónde te sitúas?

 

¡Métele mano a la vida!

 

 

¡SALUD!

 

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Viernes, 26 Junio 2020 08:42

LOS "PARA QUÉ"

Retomo parte de una reflexión que hice hace más de un año a hilo de la polémica, que tantas veces nos creamos, amparada en un celo profesional casi siempre absurdo e inflado de ego.

Vamos a tranquilizarnos, decía entonces. Dejemos de ver fantasmas. ¿Que hay mucho intrusismo?, si. ¿Que hay gente aprovechada intentando sacar tajada de todo aquello que mínimamente suene a “moda”?, por supuesto. ¿Que hay profesionales estupendos y perfectamente preparados con mucho que ofrecer lejos de la titulitis?, también.

Soy Coach, desde hace algunos años; también soy Pedagoga, desde hace muchos más; y me estoy formando como terapéuta Gestalt, además de otras muchas cosas. Estoy en permanente proceso de formación y crecimiento personal y profesional. Porque sí, sin exigencias y buscando siempre la excelencia en mi trabajo.

De forma resumida puedo decir que lo que yo ofrezco es un proceso de acompañamiento a través del cual trabajo con el cliente una serie de herramientas que le den la confianza para buscar (y encontrar) por sí mismo, por sí misma, sus propias respuestas, descubrir su potencial y el camino hacia sus logros. En definitiva se trata de orientar para encontrar, provocar y gestionar los cambios en una persona que le permitan alcanzar sus metas u objetivos. La conversación y la escucha son las herramientas centrales.

Durante el trabajo ayudo a que la personal identifique sus fortalezas y cree el potencial que le permita conseguir los resultados deseados a través de un plan de acción cuyos beneficios son:

.- Aporta una estructura para el desarrollo personal que parte del establecimiento de objetivos así como del descubrimiento de las potencialidades y limitaciones.

.- Establece en el centro del proceso a la persona.

.- Se trabaja en el autoconocimiento.

.- Contribuye a cambiar la perspectiva del cliente ampliando su “mapa mental”.

.- Permite incorporar nuevas habilidades personales, profesionales y emocionales.

.- Se sustituyen creencias limitantes por potenciadoras.

.- Se fomenta la responsabilidad y la confianza.

.- Se generan posibilidades para la acción, obteniendo con ello nuevos resultados.

.- Se motiva hacia el cambio para obtener un mayor nivel de satisfacción y felicidad.

En esto y, algo más, trabajo. Ahora con nuevo espacio, puesto con el mismo amor de siempre, pero más hermoso si cabe.

¿Nos encontramos?

 

Me espera el mundo, el mar y lo que amo,

la odisea feroz de ser feliz”

 

(Juan Vicente Piqueras)

 

 

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Viernes, 22 Mayo 2020 06:24

APRENDER A PEDIR

¿Qué les pasa a algunas personas con las peticiones?

 

Debemos recordar que una PETICIÓN siempre nace de una CARENCIA. Pedimos porque necesitamos algo del otro, algo que nos falta o que no podemos obtener sin ayuda. Esta necesidad nos pone en una situación de vulnerabilidad, nos expone, y esto, a veces, nos cuesta aceptarlo.

Por eso, pedir nos incomoda, nos cuesta trabajo, nos da miedo.

 

Por otro lado, es importante distinguir entre petición y expectativa (petición y deseo). A veces esperamos que la otra persona cumpla con cosas que nunca hemos pedido (al menos de forma clara y directa) y ello nos lleva a la frustración.

 

Una petición no es un DESEO, aunque muchas veces así lo entendemos. Esto hace que la comunicación se trunque, que creemos malos entendidos y que ambas partes se sientan frustradas, ¿os suena?.

 

Por eso, para asegurarnos de que lo estamos haciendo bien, debemos tener en cuenta:

 

  • El contexto. No puedo pedir cualquier cosa en cualquier sitio.

  • Hacer la petición de forma clara y directa. Los “necesitaría”, “me vendría bien”, y cualquier otro tiempo condicional, no son los mejores aliados para pedir.

  • Que sea específica. Cuándo lo quiero, para qué lo quiero y cómo lo quiero.

  • Comprobar que la otra persona tiene “capacidad” para cumplir lo que le estoy pidiendo. No pedir imposibles, seamos razonables.

     

Detrás del miedo a las peticiones, muchas veces está el miedo al NO. A la incapacidad de decirlo y también al terror a que nos lo digan. Las personas que siempre dicen SI (seguro que conoces a alguna), tienen mayor dificultad para hacer peticiones claras.

 

Quizás hemos aprendido, a lo largo de nuestra vida, que decir “no”, no está bien visto. Nos han educado para ser serviciales, amables, estar para los demás olvidándonos de nuestro propio bienestar.

 

Esta forma de relacionarnos, de decir “si” de forma casi instintiva, tiene mucho que ver con nuestra capacidad para poner LÍMITES, alimentada por creencias como:

 

  • Hay que ser servicial.

  • Si digo que no, no me va a querer.

  • Lo hago porque quiero, siempre me ha gustado ayudar.

  • Yo no puedo decir que no.

  • A mi no me importa ocuparme.

  • La gente que pide es desconsiderada.

  • Si me dice que no es porque no le importo.

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  •  

  •  

 

Si siempre dices SI porque tienes miedo a decir NO, quizás sea tiempo de actuar, de ocuparte de tu vida y dejar de sentirte culpable. ¿Cómo?. Ahí van algunos tips:

 

  • Reconoce que no puedes hacerlo todo. Es imposible decir "sí" cuando no te sientes bien con eso.

 

  • Repítete a ti mismo/a que no estás siendo egoísta. Piensa en todas las veces que le has dicho "sí" en el pasado.

  • Entiende que no puedes complacer a todo el mundo. No es posible complacer a cada persona todo el tiempo.

  • Piensa en todas las cosas a las que estás diciendo "sí" cuando dices "no."

 

  • Entiende por qué te cuesta decirle no a alguien. Si tienes miedo a que deje de preocuparse por ti, entonces estás en una relación problemática y quizás deberías salir de ella.

  • Entiende las diferentes tácticas que usan las personas para hacer que digas "sí" (intimidación, queja, culpa, halagos,...)

 

Como dice Joan Garriga, las relaciones son co-construidas por sus miembros. Tomemos pues responsabilidad sobre nuestras vidas. Busquemos ayuda si es necesario y dejémonos ayudar, porque ello nos permitirá:

 

  • Abrirnos a lo desconocido. “Doy mi brazo a torcer”.

  • Sintonizar con la vulnerabilidad y la gratitud. “Agradezco a mí, a ti, a la vida...”

  • Soltar nuestras reclamaciones.

  • Reconocer el sufrimiento real. “Suelta amarras”.

  • Confiar.

  • Dar y recibir.

 

Dar ayuda y recibirla ayuda a ambos, en igual medida. Muchos, al final de un largo camino, comprenden que la vida fue providencial, trayendo a cada momento, a los que supieron estar atentos, aquellos y aquellas personas que resultaron cruciales. Entienden por fin que la vida se construye de roces, experiencias y encuentros que nos hacen crecer” (Del libro, Vivir en el alma, de Joan Garriga).

 

Quizás de eso trate la “nueva normalidad”: de hacernos cargo de nuestra VIDA, de aprender a PEDIR sin culpa, de poner LÍMITES desde el respeto, de decir NO sin miedo.

 

¡SALUD!

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Miércoles, 10 Julio 2019 09:59

¿COACHEAMOS?

Vamos a tranquilizarnos. Dejemos de ver fantasmas. ¿Que hay mucho intrusismo?, si. ¿Que hay gente aprovechada intentando sacar tajada de todo aquello que mínimamente suene a “moda”?, por supuesto. ¿Que hay profesionales estupendos y perfectamente preparados con mucho que ofrecer lejos de la titulitis?, tambien. 

Soy Coach, desde hace algunos años; tambien soy Pedagoga, desde hace muchos más; y alumna en terapia Gestalt; además de otras muchas cosas. Estoy en permanente proceso de formación y crecimiento personal y profesional. Porque sí, sin exigencias y buscando siempre la excelencia en mi trabajo. No soy Psicóloga y nunca he dicho que lo sea. Por tanto, tampoco hago psicoterapia. 

Lo primero que le explico a un nuevo cliente es, qué es exáctamente el Coaching, por si viene con alguna duda.

De forma resumida puedo decir que es un proceso de acompañamiento, a través del cual, trabajo con el cliente una serie de herramientas que le den la confianza para pensar por sí mismo, encontrar sus propias respuestas y descubrir su potencial y el camino hacia sus logros. En definitiva, se trata de orientar para encontrar, provocar y gestionar los cambios en una persona que le permitan alcanzar sus metas u objetivos. 

En un proceso de Coaching, la conversación y la escucha son las herramientas centrales. Sirven para que la persona que decide hacer dicho proceso tome conciencia de su situación actual, identifique sus fortalezas y cree su propio potencial que le permita conseguir los resultados deseados a través de un plan de acción. 

Podemos decir que los principales beneficios de un Proceso de Coaching son:

.Aporta una estructura para el desarrollo personal que parte del establecimiento de objetivos así como del descubrimiento de las potencialidades y limitaciones.

.Establece en el centro del proceso a la persona.

.Se trabaja en el autoconocimiento.

.Contribuye a cambiar la perspectiva del cliente ampliando su “mapa mental”.

.Permite incorporar nuevas habilidades personales, profesionales y emocionales.

.Se sustituyen creencias limitantes por potenciadoras.

.Se fomenta la responsabilidad y la confianza.

.Se generan posibilidades para la acción, obteniendo con ello nuevos resultados.

.Se motiva hacia el cambio para obtener un mayor nivel de satisfacción y felicidad. 

El Coaching NO es Psicoterapia ya que no se evalúa, ni diagnostica, ni aplica terapia (no conozco a ningún coach que diga que es esto lo que hace).

El Coaching NO es Consultoría ya que no se aportan soluciones bajo los criterios del profesional.

El Coaching NO es Mentoring ya que no se aconseja sobre lo que se debe hacer.

 

¿Qué pasaría si en lugar de compartimentarnos nos complementáramos?

 

Pues eso, COMPLEMENTÉMONOS.

 

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